Me parece que no dejé de gritar en todo el partido y durante la media parte no resistí las ganas de llorar. Porqué? Esa pregunta aún me la hago, pero me parece que a veces algunos nos afecta la presión más que a otros.
Lo peor fue esperar los primeros 10-15 minutos de la segunda parte en el interior del campo (sí, cuando nos metió dos goles ese tal Zlatan, sí ese que es tan bueno) pero más tarde subimos a ver terminar lo que ya aprecia la culminación del partido, hasta que apareció el joven Theo, quien no dudó un segundo en ponerse a correr como un guepardo y marcar ese tanto que nos dejó respirar nuevamente. Ese momento fue algo mágico, era como abrir una brecha para dejar pasar el aire, ese rayo de sol que se ve en un día nublado.
Aunque por cosas del destino o del propio fútbol, 3 jugadores no tendrán la posibilidad de jugar el partido de vuelta, ese penalti que marcó Cesc me dejó atónita y llorando desconsoladamente, probablemente por el hecho de dar más importancia a un simple partido del que tiene este en sí.
Me podrán juzgar por ello, pero hay minutos de ese día que no se pueden describir con palabras. Simplemente fue... mágico.